
El marco institucional del Programa Lazos
En el marco de un proceso de transformación institucional de la Colonia Nacional Montes de Oca, que va del modelo de atención asilar hacia una apertura a la comunidad, este programa es una propuesta de terapia alternativa y complementaria para lograr la rehabilitación de pacientes que, producto de la cronicidad institucional, quedaron aislados de todo lazo social con el afuera, adormecidos y con una gran desvitalización. La situación de institucionalización produce efectos tales como: la pérdida de subjetividad, la pérdida del espacio propio diferenciado del otro, una importante desorientación temporo espacial y la fijeza en determinados roles estáticos que no permiten el desarrollo de la particularidad de cada paciente.
Ante nuestro interrogante sobre cómo rescatar una conexión posible con ellos, comienza a gestarse la creación de Lazoos.
Así surge como respuesta ética, este abordaje terapéutico que apunta a generar vínculos que habiliten lo propio y lo subjetivo, creando nuevas vías de comunicación.
Pensamos a los animales como la herramienta que nos ayuda a conectarnos, son mediadores que generan cosas por si solos, provocan afectos y efectos terapéuticos.
Lazoos tiene como eje crear un puente que conecta con el afuera y abre de esta manera un espacio donde poder habitar, lo que da lugar a la posibilidad de que la espontaneidad de cada uno pueda desplegarse, reencontrándose con otros.
¿Cómo se piensa teóricamente el Programa Lazos?
Las Terapias Asistidas con Animales constituyen una orientación terapéutica para el proceso de Rehabilitación. A través de la misma se trabajan aspectos físicos (incremento de destrezas sensorio motrices), aspectos cognitivos (aumento de: la capacidad de atención para sostener una actividad, de la concentración y reconocimiento, la orientación temporo-espacial, la memoria a corto y largo plazo y de la secuenciación de actividades y vocabulario) y aspectos emocionales (incremento de la interacción con otros, a través del grupo, autocontrol de impulsos y emociones, facilitación de la construcción del esquema corporal, etc.).
Si bien los animales son mediadores, instrumentos que habilitan el trabajo, que dan lugar al mismo, solo la presencia y las intervenciones de los equipos interdisciplinarios sostienen este tipo de dispositivos, ya que introducen el esquema simbólico necesario para que el paciente pueda servirse de esta experiencia.
Se piensa al animal con una función de "suplemento", reemplazan algo faltante pero además agregan a ese lazo social mucho más que lo ausente, aportan un plus. El contacto con animales debe respetar gustos e individualidades, solo si hay deseo, si ellos representan algo significativo para su subjetividad, será eficaz el contacto con ellos. De hecho el Programa Lazoos surge a partir de la reacción de un paciente ante su encuentro con algunos animales dentro de la institución, lo que generó la iniciativa de extender este efecto, en esa persona y en sus compañeros.
El paciente institucionalizado se convierte, en mayor o menor medida, en un "objeto de cuidados", a quien no se pregunta por sus deseos, sus intereses, la masificación obligada no permite que éstos se desplieguen. Y algunos programas de rehabilitación se manejan de la misma forma, pretendiendo que el paciente adquiera ciertas "habilidades sociales", todos la misma, para que se "incluyan en la comunidad, como todos". Desde el Programa Lazoos se pretende un acercamiento a la comunidad, se busca la creación de lazos, pero respetando y confiando en que cada uno de los participantes irá encontrando su propia forma de establecerlos. No se tratará entonces que se adapten a ningún parámetro de normalidad preestablecido, sino que, respetando ciertas reglas de convivencia que dan un encuadre a la actividad, se permite que el paciente vaya mostrando, vaya descubriendo sus propios intereses y su manera de relacionarse con los otros. "abrir espacios donde se haga lugar una relación fundada en el cuidado y el respeto a la alteridad. Una relación que esté expuesta al azar de lo imprevisto y no a la rutina solamente. Una relación donde se privilegie al aprehender sobre el aprender y el transmitir sobre el enseñar" .
Los participantes del Programa no van al zoológico para curarse de ningún trastorno, van a alimentar chivos, conejos y dromedarios, van a limpiar sus corrales, van a cepillarlos. Van a acariciarlos y también, de vez en cuando, a golpearlos. Van movidos por la curiosidad. Allí no tiene número de historia clínica, tienen nombres. Y de su historia, de sus intereses, son ellos mismos los que tienen que dar cuenta para transmitirlo a quienes los esperan, los cuidadores del zoo. Éste es el primer lazo que se creó, sin planificación. Al comenzar a asistir al zoo, ciertos cuidadores empezaron a acompañarnos, primero para mostrarnos y facilitarnos el recorrido, pero luego como operadores ellos mismos. Empezamos a notar que esta relación nos excedía a los profesionales, ya no éramos mediadores ahí ni tuvimos que hacer nada para que ésta se estableciera. Fueron los mismos pacientes, quienes, a partir de sus particularidades, se fueron relacionando y estableciendo un vínculo con ellos, quienes los esperan, preguntan si no van al zoo en alguna oportunidad, y les hacen tortas para sus cumpleaños. Algunas actividades que hoy son habituales en nuestra tarea cotidiana, surgieron como producto del interés de un paciente y las ganas de expandir este interés por parte de los cuidadores, como la actividad con el dromedario, o la limpieza de tortugas.
El zoo se constituye en un "escenario donde las dimensiones simbólicas se abren a re significaciones, donde lo imaginario podría situarse sobre nuevos soportes y donde lo real queda metaforizado y ubicado del otro lado de cercos y alambrados... un escenario ritmado por una temporalidad diferente de la lentitud del tedio institucional. Un escenario que posibilita pasar de ser objeto de cuidados a ser sujeto de una praxis sobre otros (animales) guiados por los cuidadores" .
Otro elemento que contribuye a los efectos que se producen tiene que ver con la grupalidad, la actividad del zoo no es individual, hay otros, se hace con otros. Y si bien los pacientes están muy acostumbrados a convivir estrechamente con otros pacientes, esto no implica que existan "grupos" constituidos. Desde el Programa se trabaja en la constitución de los mismos, por ejemplo, en el espacio de mate, o en las reuniones institucionales. Los dispositivos grupales proporcionan respuestas ante las dificultades del lazo social que presentan los pacientes. El Programa se convierte así en una instancia institucional que supone una terceridad, lo que da lugar a que "el sujeto, al estar sostenido por la institución como vía para la cura, queda liberado de sostener este vínculo por sí mismo. Hay un Otro que lo sostiene y es éste el que puede volverse persecutorio, pero no los compañeros del grupo, es esta dimensión del semejante, por oposición al Otro, la que está sostenida por el dispositivo grupal".
Esta coyuntura es la que permite que los pacientes puedan relacionarse desde otro lugar, comenzar a registrar al compañero, tenerlo en cuenta, soportarlo cuando invade su espacio, tramitar la molestia que el otro supone por otras vías que no sean la agresión.
Todo lo que hasta aquí se ha expuesto, y lo que vendrá, se sostiene en el trabajo interdisciplinario de todos los que estamos concernidos en este Programa, profesionales de la Colonia y el equipo del zoo, que incluye cuidadores y biólogos. "Para forjar estas prácticas hace falta una forma particular de interdisciplina, la que parte del supuesto de que algo puede producirse entre los territorios disciplinarios establecidos, algo que no estaba contenido en los saberes de los que se partió... guiados por un horizonte ético que implique como meta un tipo de integración social que no se vacíe del deseo que podría animarlo, que puede encontrar en el contacto con los animales una fuente y un estímulo".
El Programa Lazos
El Programa Lazoos está conformado por dos Proyectos diferentes: El Proyecto de "los Grupos Terapéuticos" y "el Proyecto de los Grupos con Orientación Laboral".
El "Proyecto de los Grupos Terapéuticos", Tiene como objetivo general el de Favorecer e incrementar los aspectos interaccionales del paciente y su más adecuado desempeño en la vida cotidiana, a partir de su vinculación con los animales, posibilitando conductas de autocontrol, de auto y hetero - cuidado, y creando vías de Comunicación gestuales, corporales y verbales.
Actualmente está integrado por dos subgrupos:
Uno conformado por 6 pacientes Varones que se alojan en el Pabellón 7 y que concurren al centro de Día Abriendo Puertas (dentro del predio de la institución). Son pacientes que en general padecen de patología de Retraso Mental Profundo.
El otro Grupo está conformado por 7 Mujeres que se alojan en el pabellón 10 de la institución. Son pacientes adultas mayores, cuya patología es de Retraso Mental moderado y leve.
En ambos casos, se trata de pacientes con muchos años de institucionalización y poco o ningún contacto con "el afuera".
El Proyecto del Grupo con orientación Laboral tiene como Objetivo General el de Favorecer e incrementar aspectos relacionados con el área laboral, a partir del vinculo con los cuidadores y el acercamiento a los animales, posibilitando la incorporación de rutinas de trabajo, para lograr una reinserción social y laboral.
Está integrado por 3 pacientes alojados en el pabellón 6, que padecen de patología de Retraso Mental leve con componentes psicóticos.
En relación a las actividades con cada grupo se Trabaja en dos espacios:
1. Talleres grupales en la Colonia
2. Asistencia al Zoológico de Luján
Con los grupos terapéuticos, cuyos integrantes padecen patologías más graves, se realizan actividades menos estructuradas, con menos exigencia y orientados a lo lúdico (cortar pedazos de pan y alimentar a los chivos, acariciar y tomar contacto con los crias de conejos, peinar y alimentar a los dromedarios, etc.).
El grupo laboral, cuyos integrantes poseen más recursos, realizan actividades laborales estructuradas (como preparar los alimentos y dárselos a los animales, limpiar el corral, llenar los bebederos con agua, etc.) siguiendo las instrucciones del cuidador a cargo, que funciona como jefe.
Recorte de la experiencia de un participante
Leandro tiene 31 años y participa del primer grupo terapéutico con el que comenzó el programa. Está internado en la Colonia hace 5 años. Fue abandonado por su madre biológica, a sus 3 años de edad, con un importante grado de desnutrición. Es criado por una familia con bajos recursos económicos y culturales. Hasta sus 26 años vivió con su familia adoptiva donde participaba de actividades y colaboraba en tareas domésticas. De su historia infantil se poseen pocos datos, solo que caminó a los 4 años y adquirió lenguaje para esa edad. No fue escolarizado.
Antes de ingresar a la Colonia, estuvo perdido en la calle durante un año, la policía lo encuentra y se realiza la internación como N.N. Su familia recién se contacta con la institución 4 años después, momento en que se comienza a llamarlo por su nombre.
Al ingresar a la institución, Leandro no hablaba, no controlaba esfínteres. A partir del septiembre del 2005 comienza a asistir al Centro de día "Abriendo puertas", que funciona dentro de la Colonia. Es en el marco del trabajo en ese Centro que el paciente es evaluado e ingresado al Programa Lazoos.
En las primeras reuniones en la institución (enero del 2007), en las que se trabajaba a través de técnicas lúdicas con materiales didácticos, el paciente no mostraba interés en las actividades propuestas ni en los mencionados materiales. Tenía una actitud reticente hacia los talleristas y se negaba a permanecer en el espacio de trabajo. Se comunicaba por medio de palabras sueltas y en forma muy esporádica.
Cuando comenzamos a asistir al zoo (mayo del 2007), Leandro se mostraba contento, pero se lo observaba muy ansioso, inquieto y temeroso ante la nueva situación. Durante las primeras salidas, permanecía tomado de la mano del operador y no se podía conectar ni con los animales ni con el medio. Suponemos que la excesiva estimulación que le ofrecía el espacio del zoo era muy difícil de tramitar para él y tendía, entonces, a comportarse en forma evasiva, alejándose rápidamente del estímulo.
Luego de una primera evaluación, se pensó como estrategia la implementación de actividades más acotadas y pautadas, con un inicio y fin claros, con la finalidad de que este encuadre exterior le permitiera al paciente organizarse internamente y lograr desplegarse subjetivamente. "Las consignas estructuran el campo, permiten que algo del sujeto surja, corriéndolo de su alineación, recortando el todo en una parte... no solo ordena la tarea, (sino que) permite la tercerización, terceriza la alineación en que la está sumergido el paciente".
Lentamente, Leandro pudo comenzar a conectarse con el ambiente, con las operadoras y con los animales, perdiendo el temor al contacto con los mismos. También fue pudiendo sostener las actividades de principio a fin, en un primer momento muy acompañado a través de indicaciones por las operadoras. Actualmente, Leandro se maneja de forma independiente, sin necesidad de que se le indiquen las consignas e inclusive, estimulando a sus compañeros que se dispersan. Un ejemplo de esto es la primera actividad que se realiza, en donde Leandro corta el pan en trozos, los guarda en su bolsa, espera a sus compañeros y se dirige, en forma autónoma, al corral de los chivos a los cuales alimenta. Ya no es pura acción sin significación, sino que empieza a orientarse en función de otro y a articularse la posibilidad de un habitar distinto.
En el momento del mate, Leandro ni siquiera lo demandaba y había que ofrecérselo. En las ultimas reuniones, el mismo lo ceba y lo comparte con sus compañeros.
De estar en una posición pasiva y sin tomar en cuenta al otro, hoy busca el contacto, inicia comunicaciones y ha tomado un rol protagónico dentro de su grupo.
En su vida cotidiana, ante situaciones conflictivas, Leandro no logra expresarse verbalmente, por lo tanto reacciona a través de lo corporal (se muerde a si mismo, empuja al otro, etc). Sin embargo, en el zoo no aparecen casi este tipo de comportamientos y si suceden, se interviene desde la palabra para habilitar otro tipo de expresión de sus emociones.
Todos estos avances tiene que ver con la relación que ha podido establecer con los animales y con las operadoras. El primer día que vio a los dromedarios, no quiso ni acercarse y se negaba a tocarlos, hoy los acaricia, los alimenta y los cepilla.
Leandro tenía un vínculo frágil con el mundo, su apatía, indiferencia y su aparente mudez, tenían otras razones (más allá de su diagnostico) algo lo "acallaba".
No sabemos que le paso durante ese año perdido en la calle, lo que sí sabemos es que indudablemente, fue traumático y más aún, encontrarse luego, aislado de su familia, en un medio desconocido y alienante, donde ni siquiera era llamado por su nombre.
Esta escena durante 4 años a cualquiera lo "deja sin palabras", "no había mucho que decir, más que soportar el encierro".
Pudimos ofrecerle un puente de conexión para transitar juntos, aquello indecible, y en el zoo, Leandro dejo de ser un paciente acallado para ser parte de un grupo, para jugar, para trabajar.
Alimentar a los chivos y camellos le facilitó alimentar también una nueva posición, y en ese nuevo lugar, ahora sí, que "hay mucho que decir y contar".
Bibliografía Consultada
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Psicoanálisis y Salud Mental-Emiliano Galende-ED: Paidos 1990
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El sufrimiento mental. El poder, la ley y los derechos.- Emiliano Galende y Alfredo Kraut Ed: Lugar. 2006
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Neo, N. Y otras, en "Cómo pensar la lógica de los talleres expresivos para pacientes psicóticos dentro del dispositivo de Hospital de Día", en Hospital de Día. Particularidades de la clínica. Editorial Minerva, Buenos Aires, 2004.
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Nicoletti, E., "Incomodar al grupo", en Hospital de Día. Particularidades de la clinica. Editorial Minerva, Buenos Aires, 2004.
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Bruno, Pierre: "Al margen. Sobre la debilidad mental", publicado en Ornicar? Revista del Campo freudiano nª37, abril-junio 1986.
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Goffman, Irving: "Internados ( Ensayo sobre situación social de los enfermos mentales)", Ed. Amorrortu, 1995.